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Orígenes históricos (siglo XVI) de los festejos organizados por la ciudad de Valencia para la festividad de San Vicente Ferrer

6-11-2007 |
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por Juan Corbalán de Celis y Durán
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En 1573, el Consell de la ciudad compraba al gremio de boneteros la casa natalicia de San Vicente Ferrer. Unos meses después de la compra, el 9 de diciembre, con el fin de llevar a cabo una buena administración y conservación de la misma, se establecían una serie de ordenanzas entre las que figuraban las siguientes relativas a la fiesta de San Vicente:
Ittem proveheixen e orden que lo dia de la festivitat del dit glorios Sanct Vicent ferrer, que es a cinch de Abril y lo dia de la festivitat del benaventurat Sanct Vicent martyr que es a XXII de Janer, en la dita Sancta Casa sia dit e celebrat solemne Offici e Sermo, y en la vespra de dites festes sien dites e cantades vespres solemnes als quals oficis hajem de assistir y assistixquen los magnifichs Jurats, Racional e Sindich de la dita ciutat pera que dites festivitats sien ab major auctoritat celebrades, la despesa y caritat y tot lo qual haja lo semblant de pagar lo dit Administrador.
Ittem proveheixen y orden que de tres en tres anys sia elect per los magnifichs Jurats, Racional y Sindich, o per la major part de aquells, un Administrador de la dita Sancta Casa.... Nombrando para el primer trienio a Joan Jofre Dassio, ciudadano.
La celebración de la fiesta -la víspera y el día del santo-, de la que en principio solamente aparece reseñada en las anteriores ordenanzas su celebración litúrgica, es de suponer que traería consigo la organización de una fiesta popular a celebrar en las calles de la ciudad por donde pasaba la procesión, como al parecer se había hecho hasta entonces.
Iniciase el Consejo la celebración de la fiesta popular o simplemente las continuase, el caso es que en 1590 está ya institucionalizada y es el Administrador de la misma el que hace frente a los gastos que se producen.
La noche de la víspera del santo, los vecinos de las calles por las que pasaba la procesión desde la catedral a Predicadores y vuelta, instados por el ayuntamiento, y también estimulados por el premio que se ofrecía al mejor y más vistoso de los adornos, trataban de arreglar e iluminar con esmero las fachadas de sus casas, colgando flores, telas y diversas luminarias.
Estos adornos, que llevaban a cabo embelleciendo las puertas o balcones de las casas, a semejanza de lo que aún hoy en día sucede en algunos pueblos que adornan o enraman las casas de los clavaris y festers de sus fiestas o de los comulgantes, se realizaban a partir de ramas, flores, guirnaldas y algún que otro farolillo, además de vistosas telas colgadas desde los tejados o balcones sobre las que se colocaba algún lienzo pintado, llegando a veces a montarse sobre un pequeño escenario- el cadafal- alguna escena plástica muy sencilla hecha a base de una o varias figuras en bulto, sobre fondos entelados y pintados - la invenció- no necesariamente de motivo religioso, o cuanto menos, no dedicada ex profeso al santo.
En 1596 había sido el vecino Francisco Solorzano, cirujano, el que mejor había iluminado su casa, recibiendo de la ciudad 2 libras 17 sueldos y seis dineros per la joya de la iluminaria, que había levantado en la plaza dels Ams la noche de la víspera de la fiesta. Al año siguiente se concede el premio, 30 reales castellanos, a Luis Castelló, notario. En 1598 es el vecino Joaquín Gayan, calcetero, el que ha obtenido idéntico premio por haber realizado la mejor luminaria, habiendo levantado el mejor altar Aloi Tous, bordador, al que premian con 50 reales. Para la procesión extraordinaria de 1599 se ofrecen dos premios de 50 y 30 reales a los dos mejores altares, 20 reales a la mejor empaliada, y 30 a la mejor luminaria que se encendiese en el recorrido de la procesión
En 1626, seguramente ante la buena acogida que sigue teniendo la iniciativa, ya se daban tres premios por estos adornos, siendo en ese año el primero de ellos el obtenido por el altar que el carpintero Vicente del Camp ha levantado en la pared de la iglesia de la Compañía, el segundo el que obtiene Bautista Torres por el que ha levantado en la placeta dels Ams, y el tercero por el altar levantado por Cristóbal Sarinyena, terciopelero, en la placeta de Santa Tecla. Ese año también aparecen premiadas las mejores colgaduras que se han realizado en la pared de la Compañía.
La placeta dels Ams, hoy en día desparecida como tal, estaba situada en la calle del Mar, antes de llegar a la casa de San Vicente, y por ser seguramente el tramo más espacioso del recorrido antes de desembocar en la plaza de Predicadores, fue desde el principio el lugar más adecuado para instalar en ella uno de los altares de dicho recorrido. Con el tiempo, en esta plaza se levantará todos los años, durante siglos, un altar, esta vez dedicado ex profeso a San Vicente.
Además de estos adornos y altares que levantaban los vecinos, el Consejo por su parte engalanaba la calle del Mar iluminándola mediante unas antorchas hechas a partir de botes rellenos de alquitrán que se colocaban sobre unas vigas de madera -alimaras- y que mantenían encendidos hasta media noche, teniendo así mismo encendidas unas hogueras que iluminaban, y seguramente calentaban, a los vecinos que participaban en la fiesta y per la llenya, botes y alquitrá que compri y lleuri per a la dita festivitat del present any, y per fer estellar la dita llenya y fer assentar dites botes sobre bigues en lo carrer de la Mar. Ocho hombres a cargo de la ciudad eran los encargados, el día de la víspera, de mantener vivos ese fuego y las luminarias: por la asistencia de huyt homens que asistiren en la vigilia de dita festivitat en lo dit carrer de la Mar guardant dites botes, y asfigint llenya en aquelles quant era menester pera conservarles ab foch fins a mija nit.
Y como no hay fiesta sin celebración gastronómica, no podía faltar en ella la degustación de alguna pasta o dulce típico, como las coquetes que había confeccionado la viuda del panadero Tomás Olet, y que se repartieron a los jurados y oficiales el día de la fiesta de San Vicente del año 1600, o aquellos bollets, fogasetes y pa de rey, cuyo cargo pasaba el panadero Vicente Pastor, no faltando tampoco ramells y ramelletes de peu de seda y junch comuns, como los que se empleaban en estas celebraciones, que preparaba Rafaela Mulet, mujer de Pere Berlanga, tintorerii de olleta, que se dedicaba al tintado de pequeñas prendas.
Al día siguiente la celebración ya era de carácter meramente religioso, celebrándose la solemne procesión que partiendo de la catedral pasaba por la calle del Mar para llegar al convento de Predicadores, desde donde, tras celebrarse un solemne oficio, retornaba a la Seo. A esta procesión asistían los representantes de la ciudad con sus jurados y oficiales, acompañada por los canónigos de la Seo y representantes de los tres estamentos, junto a todos los gremios con sus banderas y estandartes que participaban en ella. A semejanza de lo que sucedía en la entonces fiesta mayor de la ciudad, el Corpus, diversos figurantes cubiertos de máscaras danzaban y bailaban durante su recorrido.
Esta participación de máscaras y danzantes parece ser que tiene lugar a partir de la procesión que se realiza en 1595, año en el cual la fiesta se celebra con un nuevo orden, con mayor solemnidad y regocijo... en lo qual dia se feu y celebra la dita festivitat y processó general del dit glorios Sant Vicent Ferrer ab intervenció de tots los officis de dita ciutat y banderes y standarts de aquells y ab diversos disfreços de masqueres y dançes y musica que fons lo primer any que dita festivitat se ha celebrat ab nou orde ab semolants solemnitats y regosijos.
Cuatro años después, en 1599, coincidiendo la fiesta de San Vicente Ferrer con el lunes 19 de abril, un día después de la celebración en Valencia de la boda de los reyes Felipe III y Margarita de Austria, la ciudad queriendo continuar con los actos de agradecimiento y agasajo a los monarcas, había decidido celebrarlas ese año con mayor colorido y participación de lo acostumbrado con mucho mas horden y concierto, ansi de musica e invenciones de banderas y estandartes que trayan delante della los Officios.
Participaron en la procesión más de 56 compañías de los distintos oficios, con sus banderas y estandartes, que marchaban al son de distintas bandas de música formadas por pifanos y tambores, atabales, vigüelas de arco y rabeles, guitarras y panderos, dulzainas, tambores y trompetillas, menestriles y trompetas, que precedían a cada uno de estos oficios, estando acompañadas algunas de estas bandas por bailarines disfrazados de máscaras que danzaban al son de las distintas músicas o entonaban diversas coplas. Ese año salieron también los gigantes y enanos de la ciudad, bailando y girando al son de la música de los atabales y dulzainas, al igual que lo hacían cada año en la procesión del Corpus.
Marchaba a continuación toda la representación del clero y distintas órdenes, con el patriarca y arzobispo Ribera cerrando el cortejo, dirigiéndose todos ellos hacia la calle del Mar, con su cantoria y luminaria, haciendo estación en la casa del Santo. Tras el palio del patriarca venían los regidores y jurados acompañando al gobernador de la ciudad y reino de Valencia, y el resto de oficiales y síndicos y demás caballeros y ciudadanos que acompañaban la procesión... y habiendo anochecido mientras tanto, se repartió entre los principales hachones encendidos, y cirios blancos a todos los clérigos que cierto fue muy cossa de ver tantas luzes como se proveyeron de repente, que bolvian la noche clara siendo oscura.
El día anterior a la procesión, cuando la reina Margarita hizo su entrada en Valencia, se sacaron les sis roques de la casa donde estaban, que para ese día habían sido pintadas y engalanadas, y se pusieron aquelles per la volta hon passa la magestat de la senyora reyna in die sui felicissimi ingressus. Colocadas sobre ellas iban diversas ninfas ricamente vestidas, acompañadas de otras personas a las que también se las había vistosamente engalanado. Acompañando a las rocas salieron los momos, que realizaron sus danzas al son de la alegre dulzaina que tocaba el músico Jerónimo Musortis. En la roca que se colocó en la plaza de los Serranos se cantaron unos villancicos que había compuesto el maestro de canto Francisco Monto. Por todo ello ese año la ciudad había pagado la suma de 173 libras.
En el año 1600 y como regalo de don Juan del Águila, que había sido mariscal de campo de la gente española que estaba en Bretaña, llega a Valencia una reliquia de San Vicente, que le habían regalado por cierto favor concedido entonces a la villa de Vannes. Llegaron a la ciudad el 7 de abril, unas semanas antes de celebrarse su correspondiente fiesta, que ese año coincidía con el 17 de dicho mes. Este día se llevaron las reliquias desde la Casa de la Ciudad, donde estaban depositadas, a la casa natalicia, de donde salieron en solemne procesión hacia la Seo. No aparece reseñado en los documentos encontrados que ese año participase el Patriarca Ribera en la procesión de San Vicente, señalándose en cambio su asistencia, junto con la del virrey y el obispo, en la procesión del año siguiente de 1601, año en el que el Patriarca había conseguido traer para el Colegio otra reliquia del Santo.
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