Libro De Ocasión  El Año de Coyote  Sábado, 31 julio 2010  
 Portada > El Año de Coyote > J. Kinovski, Presentación  
 
 ///  Búsqueda rápida
Búsqueda detallada
Todas las Materias
Últimos 7 días
¿Libros nuevos?
A un clic con la garantía de
Libros en El Corte Inglés
Editoriales con ofertas o liquidaciones  :
 - Editorial SEPHA, Madrid
 - Ediciones Ibéricas, Madrid
 - Editorial Azotes Caligráficos, Valencia
         ------------        ¿Desea liquidar aquí sus stocks de edición? Díganoslo
¡ Envío gratis a toda España y Andorra !
Estantes Vivos
Recomiendo / No Recomiendo (Foros)
Mercadillo gratuito para particulares
"Latin Show"
Directorio de enlaces
Bitácoras
El Año de Coyote, por J. Kinovski
Diario de un Bibliófago, por Javier García Gibert
La Vida en los Libros, por Pedro Gascón
Notas de Historia, por Juan Corbalán de Celis y Durán
La bitácora de LibroDeOcasion.com, por Alicia Martínez
¿Tienes una bitácora y quieres enlazarla gratis aquí? Dínoslo
Doce olas, de Andrés Jal
Andrés JAL, Doce olas
Thriller internacional
(Ed. Nausicaa)
-
Gane 3.000 € si descubre el enigma que esconde la novela
-Lea el primer capítulo de la novela
 ///  Boletín
Envíenme semanalmente las incorporaciones.

> Envíenme las incorporaciones de las materias que me interesan.
 
  Coyote J. Kinovski anda entre los cuarenta y los cincuenta; es pequeño de estatura, flaco, algo desgarbado ya. Carece de residencia y trabajo estables, así como de bienes. Se mueve por el mundo impulsado a medias por el instinto y la necesidad, las más de las veces con el fin de evitar el frío o el calor excesivos, que dañan su piel y su salud en general: padece una dermatosis caprichosa, que cuando se manifiesta con virulencia lo torna repelente a la vista.

Es algo oscuro en el hablar –habla y lee varias lenguas- y franco en el reír. En medio de un castigado rostro enjuto muestra sin preocupación unos dientes extrañamente grandes, desparejados, negruzcos. Canta con voz grave y profunda y, cuando da con una guitarra, la toca con sentido.

Ha logrado vivir de diferentes mujeres, pero no continúa manteniendo trato con ellas ni con los hijos que generó. No obstante, reconoce pensar de continuo en ellos, -"en abstracto, cosa del inconsciente colectivo"- y está convencido de que algún día podrá reunirlos para pasar junto a ellos el resto de su "jodida vida".

No se le conocen enemigos; pero tampoco amigos. A veces se le ha visto acompañado de un perro, no necesariamente el mismo. Su cometido principal consiste en buscarse la vida con el menor esfuerzo posible. No creemos que pueda exhibir otros títulos que el de haber sobrevivido hasta hoy.

Nota de la Redacción:

Quien ha escrito las anteriores líneas, que pertenece actualmente al equipo de LibroDeOcasion, conoció a J. Kinovski hace años. Quizás al lector curioso le ayude a completar el bosquejo -inevitable en el caso que nos ocupa- la rememoración sucinta de la relación que mantuve con el escritor, en particular nuestro primer encuentro, pues en ninguna otra ocasión volvimos a hablar de su obra literaria.

Trabajaba yo entonces en una editorial pequeña, que ahora no viene a cuento, y aquella mañana me encontraba en el despacho desde muy temprano. Me despertó Alba, la secretaria (ahora también nos acompaña en este nuevo señuelo), al abrir bruscamente la puerta para soltarme a voz en cuello que “un escritor quería verme”. Tras ella apareció, en efecto, el hombre. Venía con barba de días, desgreñado, descuidado en el vestir, los zapatos gastados. Portaba una bolsa de plástico de grandes almacenes repleta, pesada. Se acercó lento, nos chocamos la mano; extrajo de la bolsa un tomo encuadernado con cartulina negra, lo posó sobre mi mesa y por fin habló.

-Les traía esto -dijo-, por si les pudiera interesar.

Nos sentamos. Le pregunté qué tipo de escrito era, contestó que novela. Le pregunté si era la primera que escribía, contestó que era la primera que había logrado "armar un poco y conservar". Le pregunté a qué se dedicaba en la vida, me contestó que a sobrevivir.

-Bien -dije, con ánimo de centrar la razón de su visita y mirando fijamente el tomo que aún no había tocado-: Algo así como sus experiencias, supongo...

-Naturalmente. De qué otra cosa puedo hablar. Carezco de casa y, por supuesto, de biblioteca. Hace mucho tiempo que vendí mis libros. Resultan una carga inútil para sobrevivir. Ahora sólo leo lo que encuentro por los contenedores.

(Debo advertir desde este punto que, contrariamente a lo que pudiera pensarse al transcribir nuestras palabras, J. Kinovski habla de forma pausada y posee una voz agradable).

-¿Me puede resumir la experiencia que intenta reflejar en la novela, más o menos? -dije.

-No.

-¿No?

-No creo que refleje nada especial... A mí no me lo parece.

-Ya... Entonces, ¿cuál ha sido el impulso que le ha empujado a escribir el libro?... En otras palabras: ¿qué tiene usted necesidad de comunicar?

-Ninguno. Nada.

-¿Alguna aventura curiosa? ¿Algún personaje?

Dejó escapar sendas muecas. Cogí el tomo dactilografiado y lo abrí. Leí la primera página: "El año de Coyote, novela por J. Kinovski".

-¿Un año especial?

-No, qué va.

-¿Quién es Coyote?

-De pequeño quise ser como Coyote. Leí todas sus aventuras.

-Ya... Perdone la pregunta, pero esto de "Kinoski"...

-Kinovski -corrigió.

-Esto de Kinovski... Supongo que se trata de un seudónimo...

-Cuatro letras son de mi apellido y cuatro no. La jota sí pertenece a mi nombre completamente.

Sonrió apenas. Yo también sonreí apenas.

-Comprendo -dije.

Y me sumergí en el tomo. No leía, sólo dejaba pasar el tiempo mientras cavilaba cómo sacármelo de encima. Él se dedicaba a escrutar los cuadros, las cortinas, las baldosas, los muebles, las lámparas del despacho. Y todo ello sin aparentar prisa ninguna. Pero en aquellas circunstancias, yo sí la tenía: necesitaba un café doble y acabar de despertar a mi aire, solo.

-Bien -tercié-. Lo único que puedo decirle de momento sobre su novela es que va a ser leída por nuestros lectores profesionales de plantilla (ni siquiera yo pertenecía a ninguna plantilla, pero siempre soltaba esto) y ellos nos comunicarán su parecer sobre la viabilidad de su publicación. ¿Quiere pasarse de aquí a dos o tres meses?

-De acuerdo.

Nos levantamos ambos, nos chocamos la mano -sus largas uñas rascaron levemente mi palma- y se dirigió hacia la salida.

-Ah, una cosa sí quería decirle -se giró desde la puerta abierta.

-Usted dirá.

-Si quiere, empiece el libro por el final... Es una idea como otra. Buenos días y gracias por recibirme.

-Buenos días.

Y cerró con suavidad. "Por el final", ja. Otro pesado que se las da de Cortázar, recuerdo que pensé. No obstante, lo primero que hice fue dirigirme a la última página. Se trataba de una página mecanografiada con tipo distinto al de la novela, titulada: "Razones para no publicar este libro".

Naturalmente, en la editorial seguimos su consejo.

Volví a tratarle en breves encuentros fortuitos por algunos bares del barrio, y charlamos sobre lo divino y lo humano. Fuera de mi despacho resultó más comunicativo. Hablaba de su vida, de la gente, de la sociedad; pero sin concretar, sin particularizar. Practicaba la paradoja, los sobreentendidos que con frecuencia sólo entendía él, los juegos de palabras. Se reía a menudo de sus propios pensamientos, que luego ya no consideraba necesario expresar. Discreto, no me volvió a preguntar por el paradero de su novela. Luego, cuando desapareció, continué manteniendo trato esporádico con él, vía correo ordinario y ahora correo electrónico. Anda por América Central. No poseo foto alguna suya, y a mi requerimiento ha contestado que quizás enviará una más adelante. La foto que aparece en esta página refleja la parte fisionómica que entre mis conocidos he encontrado más parecida a la suya.

Aviso al lector suspicaz que los textos que leerá si lo desea nos los envía el mismo J. Kinovski. Pero como creo conocerle un poco, y sé que no va a ser cumplidor en sus envíos, de tanto en tanto nos veremos obligados a ir publicando fragmentos de aquel tomo dactilografiado que abandonó sobre mi mesa una lejana mañana de primavera, y que todavía conservo. Con el propósito de no confundir, éstos aparecerán con el antetítulo de "Fragmentos del original El año de Coyote". Corría 1996; pero a fin de cuentas, releído el tomo, el año de Coyote bien puede ser el que estamos viviendo. Lo único chocante puede resultar el medio en que se dará a conocer. Pero este detalle sin importancia, ni él, ni yo, ni nadie nos encontrábamos en condiciones de prever.

 
 2% para Médicos Sin Fronteras
0   Ver Cesta
 Nombre:
 Contraseña:
¿Ha olvidado su nombre o contraseña?
> Regístrese aquí
Enlaces publicitados
y con ofertas
¡Ponga su enlace aquí!
29 € / trimestre
300.000 impresiones
12.000 usuarios diferentes
¿Busca Vd. un libro u
otro artículo

desesperadamente?
¿Es Vd. Librero
 de nuevo, de antiguo o de ocasión; o tal vez Coleccionista, y desea exponer sus artículos al mundo, gratis y sin cuotas?
Enviar esta página


Mapa del Sitio | Contacte con LibroDeOcasion.com | Información de la Empresa | Publicidad
© Libro de Ocasión, 2005-2007. Todos los derechos reservados. Aviso legal